Hemos empezado un estudio sobre el libro “Una Joven Conforme al Corazón de Dios” (de Elizabeth George) con algunas de las voluntarias. En realidad lo hemos retomado, ya que el año pasado lo estuvimos haciendo pero por diferentes circunstancias lo tuvimos que dejar J
Para comenzar decidimos tener una “Tarde de Tarjetas”, lo cual les gustó mucho a las chicas.
Antes de que ellas pudieran crear sus tarjetas, tuvimos nuestro primer estudio.
Seguro que han escuchado que la mejor manera de aprender algo es enseñándolo bueno… definitivamente eso es algo muy cierto y lo pude vivir una vez más.
Ya había enseñado sobre este tema, así que en mi mente pensé “Ya lo conozco, solo es cuestión de repasarlo” ¡Que tonta fui al pensar eso!
A penas tome mi libro y mis notas pasadas supe que eso era lo que necesitaba escuchar, o mejor dicho leer.
Si han leído el libro, saben que es lo que Elizabeth George habla en su primer capítulo, y si no, déjenme contárselos.
El primer capítulo está basado en Lucas 10:38-42 y nos cuenta sobre la historia de Martha.
Imaginémonos por un momento la escena. Jesús iba a venir a la casa de dos hermanas, dos hermanas que a pesar de ser hermanas (valga la redundancia) y de vivir la misma situación (la visita de Jesús) tomaron dos actitudes muy diferentes.
Por un lado esta Martha, quien estaba tan preocupada por los quehaceres de la casa, teniendo todo listo para las visitas, ¡Y claro pues!, la iba a visitar el mismo Jesús. Ella estaba tan enfocada en las “cosas” que tenía que tener listas para ese momento que olvido lo más importante “disfrutar de Jesús, su visita”
También tenemos a María, personalmente no creo que ella era una vaga y dejaba que su hermana hiciera todo en la casa, pero si puedo ver cómo ella supo dejar de lado “las cosas buenas” por las más importantes. Ella decidió hacer un ¡ALTO! a esas cosas y detenerse para escuchar al maestro de maestros.
Martha se molestó por la situación y le pidió a Jesús que le dijera a su hermana que por favor la ayudara, seguro ella esperaba que Jesús le hiciera caso. Que sorpresa se llevó cuando el Señor le contesto “Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada”. Qué vergüenza ¿no? te imaginas cómo se debe hacer sentido Martha al darse cuenta de lo que había hecho? ¿Cómo te hubieses sentido tú?
Aunque me de vergüenza admitirlo muchas, pero muchas veces yo soy como Martha, desde que me levanto estoy pensando en las “cosas” que tengo que hacer en el día: “que voy a cocinar hoy”, “Cómo puedo hacer para que mi hijita descanse mejor” “Tengo que mantener la casa limpia”, “Qué voy a enseñarle a Caleb” “Debo pasar más tiempo con mi esposo”, “Hay que terminar esto y esto y esto para el ministerio” y la lista puede seguir. Estoy realmente afanada y turbada por las cosas que me olvido de lo más importante “Sentarme a los pies del Señor Jesús y escucharlo” No estoy hablando de ese tiempo de devocional que haces de forma rápida para apagar tu conciencia o de esa oración apurada que haces porque sabes que “debes orar” estoy hablando de ese tiempo que pasas con Tu Señor, hablándole y escuchándole, ese tiempo que sólo es para escuchar a tu Señor, para descargarte de las cosas de la vida y alimentar tu alma con Su Palabra.
Al leer el versículo 41 y 42 de Lucas 10 y ver cómo Jesús habló con María puedo sentirlo tan personalmente que casi escucho “Zarela, Zarela, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria”
La vida en realidad tiene muchos afanes y muchas cosas que hacer, hay que ser realista tengo dos bebes que necesitan de su mami, tengo un esposo, una casa, un ministerio y en realidad agradezco a Dios por cada uno de ellos. Pero cada uno de ellos demanda de mí, pero saben cuál es el problema que muchas veces sólo me afano con las cosas y no dejo que Él lleve mi carga, no me detengo a escucharlo y es allí cuando las cosas parecen mucho más grandes de lo que son.
Agradezco mucho a Dios por darme el privilegio de dar esta clase a las chicas, pero le agradezco mas por una vez más hablarme y decirme “Zarela no te afanas, escoge lo mejor, yo estoy aquí”
Ya no quiero ser más como Martha, quiero ser como María, detenerme y escuchar al maestro. Quiero tener un corazón que este consagrado completamente al Señor
Ahora quiero preguntarte a ti ¿eres Martha o eres María?